jueves, septiembre 02, 2010

SIDA 2010: Un comienzo más allá de las estadísticas

Presentaciones, estudios y cifras; pero también las historias reales de personas que viven con VIH, que son la cara de esos números. Todos estos componentes formaron parte de la primera mesa redonda del X Simposio Científico Sida 2010, que se realiza en Buenos Aires desde hoy y hasta el viernes.

Por: Alejandra Ruffo

“Hoy estoy aquí para ponerle cara a las cifras y a las presentaciones de Power Point”, sostuvo con firmeza Jeremías La Vega, un joven viviendo con VIH que transmitió en su discurso cómo se siente la transición entre ser un joven viviendo con VIH y ser un adulto. Lejos de sentirse adulto, según el mismo admitió, arrancó los aplausos de todo el público con su presentación en la que, sobre todas las cosas, intentó demostrar quiénes están detrás de las estadísticas. Esto ocurrió en la primera mesa redonda del X Simposio Científico Sida 2010, enfocada en juventud, mujer, embarazo y transmisión vertical.

“Mi vida no se mide en CD4 ni mis sueños son afectados por la lipodistrofia”, aseguró Jeremías, que a lo largo de su presentación se encargó de destacar qué es lo que piden los jóvenes hoy: “Poder asumir nuestra propia voz y voto en las decisiones que se toman respecto a nosotros, articulación entre los servicios de salud, las escuelas y los municipios, inserción laboral, atención de la salud y abastecimiento invariable de antirretrovirales”.

Pero esta no fue la única temática que se tocó en la mesa. La salud sexual y reproductiva en mujeres, la prevención de la transmisión vertical en sus distintas etapas y las diferencias de género fueron también parte del debate.

Mónica Gonga, del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), presentó los resultados de diferentes estudios realizados en los último años referidos a VIH en mujeres y su intención de tener hijos. Los resultados dejaron en claro tres cuestiones interesantes: por un lado, el fuerte temor y/o desinterés de muchas mujeres con VIH de tener hijos (un 64 por ciento de las mujeres entrevistadas aseguró no querer tener hijos). Por el otro, el desaliento por parte de los médicos para que esto suceda, sumado a una falta de opciones anticonceptivas alternativas. Además, el estudio demostró que muchas mujeres encuentran difícil usar preservativo con una pareja estable, y dejan esta práctica exclusivamente para relaciones sexuales ocasionales (que, según el estudio, también se dan en mucho menor medida que entre los hombres).

Por su parte, Mariana Ceriotto, de la Unidad de Infectología de Guernica, señaló la diferencia en el acceso a los sistemas de salud entre hombres y mujeres. “El hombre, si no se siente mal, ni se conecta con los sistemas de salud”, informó Ceriotto. Lo malo de esto es que muchas mujeres embarazadas que se diagnostican a tiempo, terminan adquiriendo el virus durante el período de lactancia (porque sus maridos no se testearon) y las cifras de nuevos casos de VIH en niños se dan por seroconversiones inadvertidas. En la unidad de infectología en la que ella trabaja, la diferencia es abismal: en los últimos tres años, el promedio de test realizados en mujeres y hombres fue de 16 a 1.

El gran interrogante entonces es: ¿Cómo acercamos a los hombres a los centros de salud? La respuesta no se encontró, pero sí quedaron en el aire unas cuantas cuestiones a revertir: “Las mujeres van solas al control prenatal porque, en salud pública, los médicos atienden de mañana, porque por la tarde trabajan n clínicas privadas. En los horarios disponibles es muy difícil que los hombres acompañen a sus mujeres, ya que no pueden perder un día de trabajo”, señaló Damián Lavarello, médico de la Universidad Nacional de Rosario. Otra de las barreras que expuso fue la falta de testeo en los hombres antes de que sean padres. “Los médicos que hacen controles prenatales, no hacen serología paterna”, lamentó Lavarello. “El embarazo es un escenario inmensamente motivador en las familias, el diagnóstico debería ser atendido como una afectación familiar”, agregó Ceriotto.

Lo cierto es que estos casos, además de revelar datos y estudios, permitieron ver más allá de las cifras: mostraron un contexto en el que las precariedades laborales y económicas afectan el acceso a la salud y en el que la violencia familiar y las adicciones interfieren muchas veces en la escena, dejando en un segundo plano la necesidad de testearse o seguir un tratamiento. Pero las historias también demostraron que la lucha y el activismo hacen que un joven pueda afirmar orgulloso: “Yo no vivo con VIH, él es el que vive conmigo”, como lo hizo Jeremías en su presentación. Porque cada número que compone una estadística tiene una historia y él lo expresó claramente al final de su discurso: “Pensé en qué diferencias había entre un joven que vive con VIH y uno que no, si eran seis pastillas por día y un análisis cada tres meses. Pero la respuesta está en cada una de las personas que vive esta realidad”.


Fuente: corresponsales claves


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